El video que circula en redes sociales sobre el accidente en Santa Bárbara, Antioquia, no es solo una pieza de contenido viral; es un recordatorio crudo de la fragilidad de la vida sobre dos ruedas. Ver a un hombre caer y quedar a escasos centímetros de las llantas de una tractomula produce un nudo en la garganta, pero más allá del impacto visual, este suceso debe obligarnos a una reflexión profunda sobre la anarquía y el riesgo que imperan en nuestras vías.
El motociclista en cuestión “volvió a nacer”. Sin embargo, no todos corren con la misma suerte. Las cifras presentadas son escalofriantes: los motociclistas representan el 62 % de las víctimas mortales en accidentes de tránsito en Colombia. Estamos ante una epidemia silenciosa de salud pública que cobra miles de vidas jóvenes cada año, dejando familias destrozadas y un sistema de salud saturado por traumas prevenibles.
El factor de riesgo: Más allá del azar
Aunque las causas exactas del incidente en Santa Bárbara están bajo investigación, el patrón es común. La interacción entre vehículos de carga pesada y motocicletas es intrínsecamente peligrosa debido a:
Puntos ciegos: Un conductor de tractomula tiene visibilidad limitada; en este caso, la reacción heroica del transportador evitó la tragedia, pero la física no siempre permite frenar toneladas de peso en segundos.
Estado de la vía y pericia: Las carreteras de montaña exigen una concentración absoluta. Un exceso de velocidad o un adelantamiento indebido en curva reduce el margen de error a cero.
La falsa sensación de agilidad: Muchos motociclistas confían en que la maniobrabilidad de su vehículo los salvará de cualquier situación, olvidando que, ante un camión, su cuerpo es la carrocería.
¿Qué debe cambiar?
No basta con agradecer al destino por este “milagro”. Es urgente que la seguridad vial deje de ser un eslogan y se convierta en una cultura rígida. Esto implica:
Educación y Licenciamiento: Los procesos de obtención de licencias para motos deben ser más exigentes, enfocándose en la conducción defensiva y el respeto por los vehículos de gran tonelaje.
Infraestructura: Mejorar la señalización y el estado del asfalto en corredores críticos.
Responsabilidad Individual: Entender que la vía es un espacio compartido. La prisa de un minuto no vale una vida entera.
El motociclista de Santa Bárbara hoy puede abrazar a los suyos. Mañana, otro podría no tener esa oportunidad. El video debe servir como un espejo donde todos los conductores nos miremos para entender que, en la carretera, la prudencia no es una opción, es un seguro de vida.


































































