En el corazón de Toribío, la Vereda La Estrella está siendo testigo de una transformación que trasciende lo material. La reciente socialización del proyecto para construir la cubierta de la placa polideportiva, con una inversión que roza los 800 millones de pesos, no es solo un anuncio de obra pública; es una validación del compromiso institucional con la dignidad rural.
A menudo, en los centros urbanos se subestima el valor de un techo sobre una cancha. Sin embargo, en zonas de alta pluviosidad o sol inclemente, una cubierta es la diferencia entre un espacio abandonado y un centro de vida comunitaria.
El deporte como eje del tejido social
La entrega de la placa en 2025 fue el primer paso, pero la construcción de la cubierta es lo que realmente permite que el escenario sea “digno, seguro y funcional” los 365 días del año. Este proyecto impacta en tres frentes vitales:
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Salud Pública: Fomenta el deporte en niños y jóvenes, alejándolos del sedentarismo y ofreciendo alternativas de ocio saludable.
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Identidad Comunitaria: El polideportivo se convierte en la “plaza del pueblo”, el lugar para asambleas de la JAC, reuniones de la Junta Deportiva y celebraciones culturales.
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Protección del Patrimonio: La infraestructura techada reduce el desgaste del pavimento y las luminarias, asegurando que la inversión de los contribuyentes dure décadas.
Continuidad: La clave del éxito
Lo más rescatable de esta gestión liderada por el alcalde Jaime Díaz es la continuidad. Es común ver obras que se quedan a medias o promesas que se olvidan tras la primera piedra. Cumplir la palabra empeñada tras la entrega inicial de la placa demuestra una planeación seria y un respeto profundo por la comunidad de La Estrella.
Invertir $794.378.083 en una vereda es un mensaje claro: el desarrollo integral no debe quedarse en las cabeceras municipales. La “recomposición del tejido social” de la que habla la Alcaldía se logra precisamente así, dándole a la gente espacios donde puedan reconocerse, competir sanamente y crecer juntos bajo un mismo techo.
Hoy, La Estrella brilla un poco más fuerte. No solo por la infraestructura que viene, sino por la confianza recuperada en que las obras, cuando hay voluntad, sí llegan a donde más se necesitan.


































































