La reciente decisión del Consejo Nacional Electoral (CNE) de revocar las listas conjuntas del Pacto Histórico y Colombia Humana en Bogotá y el Valle del Cauca no es un simple trámite administrativo; es un recordatorio de que, en política, el éxito del pasado puede convertirse en la “camisa de fuerza” del presente.
El Castigo del Éxito Electoral
La controversia gira en torno al Artículo 262 de la Constitución. La norma es clara: las coaliciones solo son permitidas para partidos que, sumados, no hayan superado el 15% de los votos en la elección anterior.
Aquí radica la paradoja del Pacto Histórico:
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En Bogotá: Obtuvieron el 31% en 2022.
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En Valle del Cauca: Alcanzaron el 26%.
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En el departamento del Cauca, el escenario electoral del 2022 fue uno de los más favorables para el Pacto Histórico, pero los datos específicos de esa votación son precisamente los que llevaron a la actual revisión del CNE.
Según los registros de las elecciones legislativas de 2022:
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Votación para Cámara de Representantes: La lista del Pacto Histórico en el Cauca obtuvo aproximadamente 138.000 votos, lo que representó cerca del 25% del total de la votación válida en el departamento.
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Al haber “ganado demasiado”, el sistema electoral colombiano los obliga ahora a competir por separado o a buscar nuevas configuraciones. Lo que el presidente Petro denomina un “golpe a la democracia”, desde la acera jurídica se lee como una aplicación literal de las reglas de juego que buscan evitar el monopolio de las coaliciones mayoritarias.
La Salida de Emergencia: Participación vs. Rigidez
Lo verdaderamente interesante de este fallo es la “ventana de oxígeno” que el CNE otorgó por mayoría. Al permitir que los partidos reordenen sus listas de manera individual hasta el 8 de febrero, el tribunal evitó un escenario de exclusión masiva.
Esta decisión es un acto de equilibrio institucional:
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Mantiene la ley: Se respeta el umbral del 15% para evitar coaliciones sobredimensionadas.
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Protege el derecho al voto: No deja a miles de ciudadanos sin sus candidatos de preferencia (como Carrascal o Pizarro), permitiendo que se inscriban bajo personerías jurídicas individuales.
¿Un Pacto Fragmentado?
El reto ahora es logístico y estratégico. El Pacto Histórico nació con la premisa de la unidad; competir divididos en los dos fortines electorales más grandes del país (Bogotá y Valle) podría diluir su fuerza y facilitar que otras fuerzas políticas recuperen terreno.
“La democracia no solo se defiende en las urnas, sino en la capacidad de las instituciones para aplicar reglas claras sin anular la representatividad”.
El tiempo corre. Hasta el 8 de febrero sabremos si esta “separación forzosa” fortalece la diversidad de las listas o si, por el contrario, inicia una canibalización de votos entre partidos que, hasta ayer, caminaban de la mano.


































































