La política colombiana ha dado un giro dramático este inicio de año. Lo que comenzó como la tradicional celebración de las Fiestas de Pubenza en Popayán, ha mutado rápidamente en un escenario de resistencia civil y consignas antiimperialistas. La captura de Nicolás Maduro y las posteriores advertencias de Donald Trump sobre una posible intervención en la región han activado un resorte nacionalista que el presidente Gustavo Petro no ha dudado en capitalizar.
La Soberanía como Estandarte
El llamado del jefe de Estado a “izar la bandera” y ocupar las plazas públicas el miércoles a las 4:00 p.m. es un movimiento audaz. Al enmarcar la crisis bajo el concepto de soberanía nacional, el Gobierno busca trascender la simple defensa de un aliado político para convertir la protesta en un acto de patriotismo generalizado.
Sin embargo, esta convocatoria no está exenta de matices. Mientras organizaciones como la CUT y sindicatos de maestros como Asoinca en el Cauca ven en la postura de EE. UU. una amenaza real de “invasión militar”, otros sectores de la sociedad observan con cautela cómo la agenda interna se ve arrastrada por la turbulencia del vecino país.
El Simbolismo de la Plaza
La elección de puntos neurálgicos como la Plaza de Bolívar en Bogotá o el Parque Caldas en Popayán no es casual. Son espacios donde históricamente se ha medido el pulso del apoyo popular. El respaldo del ministro Antonio Sanguino con su proclama “¡El jaguar está despierto!” busca dotar a la movilización de una mística propia, apelando a una identidad latinoamericanista frente a lo que consideran una injerencia externa desproporcionada.
“La verdadera prueba de estas marchas no será solo la asistencia masiva, sino la capacidad de mantener el orden democrático mientras se expresa un rechazo contundente a las presiones internacionales”.
Los Riesgos del Tablero Internacional
Es innegable que Colombia se encuentra en una posición delicada. Defender la soberanía es un principio constitucional legítimo, pero hacerlo en medio de la captura de un mandatario extranjero y las amenazas de la potencia más grande del mundo coloca al país en el ojo de un huracán diplomático.
En Popayán, la movilización adquiere un tono particular. Una región históricamente golpeada por el conflicto ve con especial recelo cualquier asomo de intervención armada. Para los caucanos, la paz y la autonomía territorial son activos sagrados que no pueden ponerse en juego por decisiones tomadas en Washington o Caracas.
Conclusión
El miércoles será un día definitorio para el termómetro político del país. Más allá de las camisetas de la selección y las banderas en alto, lo que se juega en las plazas es la validación de un discurso oficial que busca unidad interna frente a la presión externa. El reto para el Gobierno será canalizar este fervor sin fracturar aún más las relaciones diplomáticas que, al final del día, son esenciales para la estabilidad económica y social de la nación.


































































