Una vez más, el Festival de Música del Pacífico Petronio Álvarez demostró por qué es mucho más que un evento musical. Es la pulsación de un pueblo, el eco de sus historias y la celebración de una identidad. En 2025, el Petronio volvió a ser ese espacio mágico donde miles de personas, con la piel erizada, se encontraron con la riqueza inagotable del Pacífico.
No es solo la marimba de chonta, el cununo o el guasá lo que nos convoca. Es la fuerza de los cantos de parteras y currulaos, es la maestría de las cocineras tradicionales, el color de los atuendos y la energía desbordante de la danza. El Petronio es un lienzo vivo que pinta la historia de la gente negra y afrodescendiente del Pacífico colombiano, un faro que ilumina sus luchas, sus logros y su inquebrantable espíritu de resistencia.
Asistir al Petronio es, de alguna manera, volver a casa. Es sentir en el cuerpo la vibración de una cultura que se niega a ser olvidada. En cada rincón del festival, se respiraba el orgullo por lo propio, la alegría de compartir la herencia y la profunda convicción de que el Pacífico, con toda su inmensidad, es la casa grande de Colombia.
El Festival Petronio Álvarez no es solo un encuentro; es un acto de afirmación cultural. En un mundo cada vez más globalizado, es un recordatorio poderoso de que nuestras raíces son la fuente de nuestra mayor riqueza. Por eso, que la gente “goce el Petronio” es, en realidad, un acto de celebración de la vida, de la tradición y de la esperanza de que esta fiesta de música, sabor y tradición siga vibrando por muchos años más.
































































