Un nuevo acto de violencia sacudió al municipio de Anorí, Antioquia, el pasado miércoles 17 de septiembre. Un hostigamiento a una base militar, atribuido al frente 36 de las disidencias de las FARC, dejó un militar herido y encendió las alarmas en la región. El ataque, que incluyó explosivos y disparos de fusil, se produjo cerca del área urbana, poniendo en riesgo a la población civil.
Este hecho no es un incidente aislado. Las autoridades señalan que se trata de una represalia por los operativos del Ejército contra la minería ilegal. La violencia en el nordeste antioqueño es alimentada por la disputa entre grupos criminales que buscan el control de las economías ilícitas como el narcotráfico y la minería. En respuesta a la escalada, el gobernador de Antioquia, Andrés Julián Rendón, ha decretado un toque de queda y la restricción del parrillero en el municipio.
El hostigamiento a la base militar de Anorí es mucho más que un simple enfrentamiento; es un crudo recordatorio de la compleja realidad que vive el nordeste antioqueño. La presencia del frente 36 de las disidencias de las FARC en la zona no es casualidad; responde a un interés por controlar las rentas ilícitas que se derivan de la minería ilegal y el narcotráfico.
Fue hostigada la base del @COL_EJERCITO, La Montañita, en Anorí. Las primeras informaciones indican que se trató de un ataque de disidencias FARC. Civiles y uniformados se encuentran bien. Nuestros Soldados repelieron el ataque.
En los próximos minutos, el Alcalde expedirá… pic.twitter.com/JNa4e0SfDi— Andrés Julián (@AndresJRendonC) September 17, 2025
Este tipo de ataques, lejos de ser esporádicos, son una respuesta directa a la acción del Estado. La reacción del gobernador de Antioquia con medidas como el toque de queda y la restricción al parrillero son necesarias, pero solo abordan la superficie del problema. La raíz de la violencia reside en la debilidad de la presencia estatal y la falta de oportunidades que permitan a la población, especialmente a los jóvenes, alejarse de las redes criminales.
Para lograr una paz duradera en Anorí, no basta con operativos militares. Es indispensable una estrategia integral que incluya el fortalecimiento de las instituciones, la inversión social y la creación de alternativas económicas lícitas. La seguridad de la región no se ganará con fusiles, sino con oportunidades que desmantelen el poder de las organizaciones criminales y devuelvan la tranquilidad a sus habitantes.


































































