La reciente visita de la Gobernación del Cauca, liderada por el Gobernador Octavio Guzmán, al Resguardo Indígena de Calderas en el municipio de Inzá, es más que un simple acto protocolario; es una reafirmación contundente del compromiso de la administración departamental con sus comunidades. Este tipo de encuentros, en el corazón mismo del territorio, son esenciales para tender puentes de confianza y garantizar que el desarrollo sea realmente incluyente y equitativo.
El Resguardo de Calderas, un territorio venerado por su espiritualidad y sabiduría ancestral, no es solo un punto geográfico en el mapa caucano, sino una fuente de inspiración para un modelo de gobierno que busca la paz y el respeto por la diversidad. La decisión de llevar la presencia institucional hasta allí, de escuchar directamente las necesidades y de rendir cuentas sobre los compromisos adquiridos, es la mejor prueba de que la palabra empeñada se honra con hechos.
Del Diálogo Nace el Progreso
El verdadero progreso, como bien lo subraya la Administración Departamental, “nace del diálogo, la participación y el respeto por las tradiciones”. Esta visión de un gobierno cercano que reconoce el valor intrínseco de cada territorio y su legado ancestral es fundamental. No se trata solo de llevar inversión, sino de asegurar que esa inversión y los proyectos tengan un mejor impacto al ser co-construidos y legitimados por la comunidad.
La gratitud expresada por el Resguardo Indígena de Calderas ante esta presencia no es menor; simboliza la recuperación y el fortalecimiento de la confianza entre el Estado y los pueblos originarios. En un departamento tan diverso y con una historia tan compleja como el Cauca, estos gestos de unidad y cercanía son vitales para la cohesión social y para construir un futuro en paz.
Un Cauca que Crece en su Diversidad
En definitiva, la jornada en Inzá es un ejemplo a seguir. Muestra que la gestión pública efectiva va más allá de los despachos; requiere recorrer, escuchar y trabajar de la mano con quienes son los guardianes de la identidad y la vida comunitaria. Reafirma el norte de un gobierno que honra su legado ancestral y avanza con la esperanza de un departamento que crece desde su diversidad y se fortalece en la unidad. La fortaleza institucional se mide, en última instancia, por su capacidad de llegar y servir a todos sus ciudadanos, sin excepción, reconociendo en cada territorio una pieza clave para el desarrollo colectivo.


































































