Los datos presentados al cierre del 2025 para el departamento del Cauca son, sin duda, un respiro necesario para una región históricamente asfixiada por la violencia. El registro de 721 homicidios, la cifra más baja en el último lustro, junto con la erradicación de feminicidios en diciembre y una caída drástica en delitos como el abigeato (89%) y el hurto a comercio (54%), sugieren que el “trabajo articulado” entre la Policía y las comunidades está dando frutos tangibles. Sin embargo, estas cifras no deben leerse solo como un éxito rotundo, sino como un punto de inflexión delicado que requiere un análisis más profundo.
Entre la estadística y la realidad territorial
Es notable que en el 14% de los municipios del departamento no se registraran sicariatos. Esto habla de una recuperación del control territorial en nodos específicos. No obstante, la reducción de 17 casos de homicidio a nivel departamental, aunque simbólicamente importante por ser una “reducción histórica”, es todavía un margen estrecho en un territorio donde el orden público es extremadamente volátil.
Lo que realmente llama la atención en este balance es la efectividad en la lucha contra las finanzas criminales:
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Narcotráfico: El incremento del 85% en la incautación de cocaína (casi 3 toneladas en total) es un golpe contundente a la infraestructura económica de los grupos armados.
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Convivencia: La reducción del 32% en violencia intrafamiliar es quizás el dato más esperanzador, pues indica que las campañas de prevención están logrando penetrar en el tejido más íntimo de la sociedad caucana.
El desafío de la sostenibilidad
El balance operativo de 2025 demuestra que la fuerza pública ha pasado de una postura reactiva a una preventiva. El despliegue de miles de actividades de acompañamiento y control de pólvora y licor adulterado durante el fin de año evitó tragedias adicionales que suelen inflar las tasas de mortalidad por causas externas.
“La protección de la vida es una responsabilidad colectiva que no admite indiferencia”. Esta frase de las autoridades resume el gran reto para 2026: ¿Cómo transformar una reducción estadística en una paz estructural?
Conclusión
El Cauca despide el 2025 con mejores números, pero con la tarea pendiente de consolidar esos avances. La seguridad no puede depender únicamente de operativos estacionales o de récords de incautación. El éxito real será cuando estos indicadores se traduzcan en una inversión social que impida que esos “cuatro actores criminales capturados diariamente” sean reemplazados por jóvenes que hoy no ven otra alternativa que la ilegalidad.
Hoy celebramos las vidas salvadas, pero mañana el compromiso debe ser proteger la esperanza de quienes aún viven bajo la sombra de la incertidumbre en las montañas del Cauca.


































































