La captura de Nicolás Maduro y el bombardeo de bases militares en Venezuela no son solo noticias de alcance global; para Santander, son el estruendo de una realidad que golpea directamente a nuestra puerta. Ante la posibilidad de una nueva ola migratoria y el riesgo de alteraciones al orden público, el departamento ha reaccionado con un plan de choque que mezcla el control estricto con la preparación humanitaria. Sin embargo, el reto que se avecina pondrá a prueba no solo la logística, sino la resiliencia social de nuestra región.
La delgada línea entre el orden y la humanidad
El alcalde de Bucaramanga, Cristian Portilla, ha sido tajante: la ciudad será un paso transitorio, no un lugar de asentamiento permanente. Esta postura busca evitar el colapso de unos servicios públicos que ya operan al límite. No obstante, la historia nos ha enseñado que la migración forzada por la guerra no siempre se ajusta a los planes de tránsito. Los operativos en entradas, salidas y el control en el transporte público son medidas necesarias para evitar el caos en las primeras 72 horas, pero la contundencia policial debe ir acompañada de una red de asistencia que evite que la crisis humanitaria se convierta en una tragedia en nuestros andenes.
El fantasma del orden público
El secretario del Interior, Óscar Hernández, pone el dedo en la llaga al advertir sobre los activos estratégicos y el posible accionar de grupos como el ELN. En momentos de inestabilidad política, el oportunismo criminal suele aflorar. La protección de la infraestructura y el fortalecimiento de la inteligencia no son opcionales; son el blindaje necesario para que el “coletazo” venezolano no desestabilice la economía regional.
El Gran Santander: La unión necesaria
Es rescatable la activación de la RAP El Gran Santander. La crisis migratoria no puede ser atendida como un problema de ciudades aisladas. La coordinación de una ruta de apoyo entre Santander y Norte de Santander es el único camino lógico para gestionar un flujo humano que, aunque hoy se califica como bajo, podría dispararse en cualquier momento si la situación interna en Venezuela escala hacia un conflicto civil prolongado.
Un llamado a la prudencia ciudadana
Finalmente, las autoridades han sido claras respecto a las manifestaciones. El derecho a la protesta es sagrado, pero el uso de la coyuntura para generar desmanes será combatido con rigor. En este escenario, la ciudadanía santandereana juega un papel vital: evitar la xenofobia y mantener la calma son aportes tan valiosos como cualquier operativo policial.
Santander está en primer grado de alistamiento. El éxito de estas medidas no se medirá solo por cuántos migrantes sigan de largo hacia el interior del país, sino por la capacidad de nuestras instituciones para mantener la paz en un departamento que, por su ubicación geográfica, siempre termina siendo el termómetro de lo que sucede al otro lado de la frontera.


































































