Durante décadas, el Sisbén ha sido una especie de “álbum de fotos” familiar: estático, a veces amarillento y, con frecuencia, poco representativo del presente. Un hogar podía ser censado en un momento de crisis y, años después, seguir recibiendo subsidios a pesar de haber prosperado; o peor aún, una familia podía caer en la desgracia económica y quedar atrapada en un grupo que no le permitía recibir ayuda porque su “foto” oficial decía que estaban bien.
La noticia de que en 2026 el Sisbén migrará hacia una clasificación dinámica mediante el cruce masivo de datos (Dian, EPS, Registraduría) no es solo un avance técnico; es un acto de justicia distributiva largamente esperado.
La muerte de la “trampa de la encuesta”
El modelo tradicional basado en encuestas presenciales tenía dos enemigos fatales: la obsolescencia y el error humano. Las encuestas son costosas, lentas y dependen de la honestidad de quien responde. Al integrar registros administrativos, el Estado finalmente deja de preguntar “cómo está usted” para observar “cómo vive usted” a través de sus interacciones reales con el sistema (salud, impuestos, educación).
Eficiencia contra la “viveza criolla”
Este nuevo sistema es un golpe directo a la ineficiencia. En un país con recursos fiscales limitados, que un subsidio llegue a quien no lo necesita es un pecado administrativo. El cruce con la Dian y las EPS permitirá detectar ingresos que antes se ocultaban tras la fachada de una vivienda modesta.
Sin embargo, el reto no es menor. La informalidad laboral en Colombia sigue siendo el “punto ciego” de cualquier base de datos. Si una persona gana dinero por fuera del sistema bancario o de seguridad social, el cruce de datos seguirá siendo insuficiente. Aquí es donde el piloto en ciudades como Bogotá o Medellín —y el contraste con zonas rurales como Jericó— será vital para calibrar la lupa.
El riesgo de la deshumanización algorítmica
No todo es color de rosa. El peligro de pasar de una encuesta humana a un algoritmo es la rigidez. Los datos fríos a veces no cuentan la historia completa: una persona puede tener un ingreso formal, pero enfrentar deudas médicas o cargas familiares que los registros administrativos no captan de inmediato. La transición debe ser cuidadosa para que el “sistema” no termine excluyendo a los más vulnerables por un error de bit.
“El Sisbén dejará de ser una fotografía estática para convertirse en una plataforma dinámica”. Esta frase de la directora del DNP resume la ambición del proyecto: convertir el sistema en un video en tiempo real de la realidad nacional.
Lo que viene para el ciudadano
Por ahora, la consigna es la calma. El Sisbén IV sigue siendo el mapa vigente, y los grupos A, B, C y D mantienen su jerarquía. La gran promesa es que, a partir de 2026, usted no tendrá que perseguir a un encuestador para actualizar su realidad; el sistema, en teoría, debería tener la capacidad de reconocer sus necesidades casi al mismo tiempo que usted las vive.
Si el Estado logra que los datos “hablen” entre sí, Colombia estará dando un paso gigante hacia una política social basada en la evidencia y no en la inercia. Ya era hora de que el subsidio dejara de ser un azar de la encuesta para convertirse en un derecho de precisión.


































































