El engranaje de la democracia colombiana ha comenzado su fase más crítica. Con las elecciones de Congreso y consultas presidenciales a la vuelta de la esquina este próximo domingo 8 de marzo, la Registraduría Nacional ha tomado una decisión drástica pero previsible: congelar sus servicios de registro civil e identificación. Desde este miércoles 4 hasta el 11 de marzo, la entidad se volcará exclusivamente a la logística electoral. Sin embargo, tras este anuncio administrativo se esconde una cifra que debería ponernos a reflexionar como sociedad: 350.636 cédulas siguen empolvándose en los cajones de las sedes oficiales.
Es paradójico que, en un país que clama por cambios y participación, más de un tercio de millón de ciudadanos no hayan tenido la diligencia de recoger el único documento que les permite, precisamente, ejercer su derecho a la voz. La suspensión de servicios no es un capricho burocrático; es una medida de fuerza para garantizar que el domingo no haya errores técnicos ni humanos. Pero la ventana se cierra: quien no reclame su documento antes del viernes 6 de marzo al mediodía, se habrá quedado por fuera del juego democrático.
Un sistema bajo presión
La pausa en la expedición de registros civiles y trámites de identidad es un recordatorio de la fragilidad y, a la vez, de la magnitud de nuestro sistema electoral. Durante una semana, el país “deja de existir” en términos de trámites de identidad para concentrarse en la supervivencia de su institucionalidad. No es un detalle menor que el servicio solo se reanude el 12 de marzo, cuatro días después de los comicios. Esto nos dice que la pos-elección es tan exigente como la preparación misma.
El llamado a la acción
¿De quién es la culpa si esas 350.000 personas no votan? Aunque es fácil señalar a la logística estatal, la responsabilidad es compartida. El Estado cumple con informar, pero el ciudadano tiene el deber de habilitarse. La cédula no es solo un plástico para trámites bancarios; es la llave de la soberanía.
Estamos ante un cierre de filas necesario. La invitación de la Registraduría es clara y urgente. Si usted es uno de los miles que tiene su trámite pendiente, tiene menos de 48 horas para evitar que su opinión se quede en el silencio de un archivo oficial. La democracia no espera, y el viernes al mediodía, el reloj se detendrá para quienes dejaron su identidad para última hora.































































