La narrativa oficial de Colombia ha sido, por siglos, un ejercicio de edición selectiva. Se nos enseñó una historia de próceres de mármol, de salones andinos y de una independencia que supuestamente nació un 20 de julio en Bogotá. Pero esa historia está incompleta; le falta el color, el sudor y la rebeldía de las comunidades negras que cimentaron la libertad de este país. Por eso, votar por la Cámara de Representantes en la circunscripción especial afrodescendiente no es un simple trámite administrativo: es un acto de reparación histórica.
Durante generaciones, el racismo estructural no solo operó en las leyes, sino en la estética y la memoria. Asistimos a un “blanqueamiento simbólico” donde líderes y héroes afro fueron retratados con rasgos europeos para hacerlos “aceptables” ante el canon republicano. Se nos ocultó que el poder también era negro. Votar hoy por la Cámara Negra es, en esencia, un acto de descolonización mental; es elegir reconocer que el relato de nación nos pertenece a todos.
La verdad sobre la Independencia
Es hora de cuestionar el mito fundacional. Mientras el acta de 1810 en Bogotá aún reconocía la autoridad de Fernando VII, fueron Mompox (1810) y Cartagena (1811) las ciudades que proclamaron una independencia absoluta, radical y sin medias tintas. Cartagena, una ciudad mayoritariamente negra y mestiza, pagó con sangre, hambre y asedio su osadía de ser libre.
¿Por qué la historia oficial prefiere la cautela de Bogotá sobre la valentía de la Costa? Porque reconocer el protagonismo de Cartagena y Mompox implica aceptar que la libertad de Colombia no fue un acuerdo de élites ilustradas, sino una lucha popular y racializada. Los cuerpos negros no solo fueron la mano de obra de la Colonia; fueron los arquitectos de la República.
Representación frente a Exclusión
Las estadísticas en Colombia reflejan una brecha que solo la representación real puede cerrar:
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Según el Censo del DANE, la población negra, afrocolombiana, raizal y palenquera representa una fuerza demográfica crucial, pero sus indicadores de Necesidades Básicas Insatisfechas (NBI) suelen ser significativamente más altos que el promedio nacional.
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La Circunscripción Especial (que otorga 2 curules en la Cámara) nació con la Constitución de 1991 para corregir el hecho de que estas comunidades fueran gobernadas sin ser consultadas.
Votar en este tarjetón es una decisión política consciente. No es un “voto identitario” vacío ni un intento de dividir al país; es la herramienta democrática para llevar al Congreso agendas urgentes: justicia racial, propiedad de la tierra, educación etnocultural y salud territorial.
El poder en tus manos
El proceso es sencillo pero poderoso. Al llegar a las urnas, cualquier ciudadano puede solicitar el tarjetón de la Cámara Afro. Al marcar una de sus listas, se está enviando un mensaje claro al centro del país: la periferia y sus raíces negras ya no aceptan ser el pie de página de la historia.
Votar por la Cámara Negra es votar por la verdad. Es reivindicar a los palenques, honrar la resistencia de Cartagena y asegurar que el futuro de Colombia sea tan diverso como su origen. Es, finalmente, decir con orgullo: aquí estuvimos, aquí estamos y aquí decidimos.


































































