La política colombiana es, por definición, un terreno donde lo impensable ocurre antes del desayuno. Sin embargo, lo que estamos presenciando en el seno de la Colombia Humana y el Pacto Histórico no es un ataque externo ni una persecución institucional; es, digámoslo sin anestesia, un autoflagelo técnico.
Mientras las listas a la Cámara intentan reordenarse a contrarreloj, queda claro que el enemigo no fue el Consejo Nacional Electoral (CNE), sino la miopía jurídica. En una coalición que busca transformar las estructuras del país, resulta paradójico , y peligroso, que sus propios cimientos legales se vean comprometidos por una asesoría deficiente. No basta con tener la razón política si no se sabe diligenciar el formulario.
El Filtro de la Realidad
Como bien cita la sabiduría popular de “Temu” (o esa adaptación pragmática de la vida): “A veces las cosas no son como uno quiere, sino como se presentan”. Y lo que se presenta hoy es un escenario de fragmentación y urgencia.
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La Autocrítica Necesaria: Delegar la arquitectura electoral a manos inexpertas es un lujo que el progresismo no puede darse.
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La Consulta como Refugio: Ante el caos de las listas, el “Frente por la Vida” surge como la tabla de salvación este 8 de marzo. Es allí donde el petrismo puro y el sector alternativo medirán su verdadero aceite, lejos de los escritorios y cerca de las urnas.
El 8 de Marzo: La Hora de la Verdad
La consulta no es solo un trámite; es el termómetro de una fuerza que necesita demostrar que su capacidad de movilización es mayor que su desorden administrativo. Los candidatos confirmados tienen ahora la responsabilidad de recoger los pedazos de una logística maltrecha y convertirlos en votos contantes y sonantes.
El progresismo enfrenta su mayor reto: sobrevivir a su propia burocracia interna. La militancia cumplirá, como siempre, pero queda la lección amarga de que la épica no sirve de nada si el abogado de turno no leyó la letra pequeña de la resolución.


































































