En tiempos donde la política parece haberse mudado definitivamente a las pantallas de cristal líquido y a los algoritmos de las redes sociales, resulta refrescante, y casi subversivo, ver que todavía hay quienes entienden que el poder se legitima en el asfalto y el polvo de las calles. El reciente recorrido de Lucy Amparo Guzmán González por Santander de Quilichao no es solo un acto de campaña; es una declaración de principios sobre cómo se debe entender la representación pública en el Cauca.
Históricamente, el norte del departamento ha padecido la desconexión de sus líderes. Sin embargo, la propuesta de Guzmán González parece distanciarse de la tradicional “política de tarima” , esa que se eleva dos metros sobre el suelo para hablarle a la gente, para abrazar la política de cercanía, esa que camina con la gente.
Coherencia sobre Coyuntura
Lo que destaca en este ejercicio no es la caminata en sí, sino la coherencia. Para Lucy Amparo, el territorio no es un concepto geográfico que se descubre en vísperas de elecciones, sino un espacio de vida que ha gestionado y habitado a lo largo de su carrera administrativa.
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Escucha activa: No llegó a imponer un monólogo, sino a validar procesos comunitarios existentes.
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Reconocimiento de lo local: Almorzar en la galería local no es un gesto populista, es un espaldarazo a la economía popular, el verdadero motor que sostiene a municipios como Santander de Quilichao ante el olvido estatal.
El Reto de la Confianza
El Cauca atraviesa un momento crítico de escepticismo ciudadano. En este escenario, la “promesa fácil” ya no compra voluntades; la gente busca conocimiento del terreno. La apuesta de la candidata a la Cámara de Representantes parece leer bien este sentimiento: menos grandilocuencia y más articulación. Al sentarse con el comerciante, el joven y el campesino sin el filtro de un micrófono ensordecedor, se envía un mensaje de humildad administrativa que es escaso en la política actual.
“La política se hace en el territorio”, dice ella. Y tiene razón. Porque las leyes que se discuten en Bogotá solo tienen sentido si conocen el sabor de la galería y las necesidades del barrio.
Conclusión
La campaña de Lucy Amparo Guzmán se perfila como un ejercicio de construcción desde las bases. Si logra traducir esa energía de la calle en una estructura legislativa sólida, el Cauca podría estar ante una renovación necesaria: una donde el representante no va a la capital a olvidarse de su origen, sino a llevar el territorio bajo la piel. Al final del día, transformar una región no requiere de fórmulas mágicas, sino de algo mucho más difícil de encontrar: presencia y coherencia.


































































