Históricamente, el departamento del Cauca ha sido un territorio de contrastes: una riqueza cultural y natural inmensa frente a una brecha de infraestructura que, por décadas, ha aislado a comunidades enteras. Sin embargo, la reciente entrega de obras viales en el Resguardo Indígena de Jebalá, en Totoró, nos obliga a reflexionar sobre lo que realmente significa “conectar” a un pueblo.
Cuando hablamos de la construcción de placa huella y el mejoramiento de vías, la tentación técnica es medir el éxito en kilómetros o en inversión monetaria. Pero para las más de 20,000 personas beneficiadas, la métrica es otra: es el tiempo que un campesino ahorra para llevar sus productos al mercado, es la rapidez con la que una ambulancia puede entrar a la zona o la seguridad con la que un niño camina hacia su escuela.
La infraestructura como derecho humano
El programa ‘Vías para la Vida’, liderado por el Gobernador Octavio Guzmán, acierta al entender que una carretera no es un fin en sí mismo, sino un medio para garantizar derechos fundamentales. Al mejorar la conexión con la vía Panamericana, Totoró deja de ser un “punto lejano” para convertirse en un nodo activo de la economía regional.
Lo más destacable de este proyecto no es solo la ingeniería, sino la metodología de unidad. El hecho de que la obra responda a un trabajo articulado con las autoridades indígenas de Jebalá demuestra que el desarrollo sostenible solo es posible cuando se respeta la autonomía del territorio y se escucha a quienes lo habitan. No es una obra impuesta desde un escritorio en Popayán; es una respuesta a una necesidad histórica.
El reto de la sostenibilidad
Reducir las brechas históricas en el Cauca requiere persistencia. Esta obra en Totoró es un paso sólido hacia la equidad territorial, pero también es un recordatorio de que la paz en nuestra región se construye con presencia estatal y oportunidades reales. La infraestructura vial es, en última instancia, el sistema circulatorio del progreso; si la vía fluye, la economía local se oxigena y el tejido social se fortalece.
Gobernar con “presencia en el territorio” debe dejar de ser un eslogan para convertirse en la norma. La transformación en Jebalá es una prueba de que, cuando la voluntad política se encuentra con la organización comunitaria, los cambios dejan de ser promesas de campaña para convertirse en realidades de piedra y concreto que dignifican la vida.


































































