Páez no se explica, se siente. Se siente en el frío que baja de los cerros, en el eco de las flautas y tambores, y en la fuerza de una palabra que allí tiene un peso sagrado: resistencia. Al cumplirse 118 años de su vida administrativa, este municipio caucano nos recuerda que la verdadera riqueza de un territorio no se mide en cifras macroeconómicas, sino en la capacidad de su gente para convivir en la diferencia.
Un crisol de identidades
Lo que hace a Páez un ejemplo para el país es su triculturalidad. Es un escenario donde el pueblo Nasa, las comunidades afrodescendientes y los campesinos han aprendido que el camino se construye mejor si se camina juntos. No ha sido fácil; la historia ha golpeado fuerte estas tierras, pero la respuesta de su gente siempre ha sido la misma: identidad y arraigo. Celebrar este aniversario es honrar los usos y costumbres que, lejos de ser piezas de museo, son herramientas vivas de gobierno y armonía.
El reto de la cercanía
Es notable ver cómo la actual administración busca romper con el viejo vicio del “centralismo de escritorio”. La decisión de conmemorar esta fecha en el polideportivo de Cohetando Centro no es un detalle menor; es un mensaje político y social potente. Descentralizar la administración es, en esencia, reconocer que el Estado debe llegar a donde nace la vida, a los territorios ancestrales donde la necesidad es real pero la esperanza es mayor.
Mirar al futuro sin olvidar la raíz
Llegar a los 118 años plantea una pregunta obligatoria: ¿Hacia dónde va Páez? La respuesta parece estar en el lema “Construyendo el camino”. No se trata solo de infraestructura física, sino de pavimentar las rutas del diálogo, de fortalecer la autonomía territorial y de asegurar que los jóvenes encuentren en su tierra un motivo para quedarse y no una razón para partir.
Este viernes 20 de febrero, Cohetando no será solo el epicentro de un acto protocolario. Será el punto de encuentro de miles de latidos que, al unísono, le dicen a Colombia que Páez está más vivo que nunca.
¡Felices 118 años, Páez! Que la chicha y el café sigan bendiciendo la palabra de quienes sueñan con un territorio en paz.


































































