La reciente captura de tres adultos y la aprehensión de un menor de edad en San Juan de Pasto no es solo una noticia judicial más; es el síntoma de una enfermedad crónica que padece nuestra seguridad ciudadana. El operativo de la SIJIN, que logró sacar de las calles armas de fuego y desarticular una célula dedicada al hurto a comercio, merece reconocimiento, pero también invita a una reflexión profunda sobre lo que sucede después de las esposas.
El éxito del operativo
Es rescatable la labor investigativa. El uso de allanamientos coordinados demuestra que la Policía Metropolitana está pasando de la reacción ante el “raponazo” a la inteligencia criminal. Incautar armas calibre 9 mm y artesanales 38 mm no es menor; cada arma fuera de circulación es, potencialmente, una vida salvada en un próximo asalto.
La sombra de la reincidencia
Sin embargo, el dato más escalofriante del reporte no es el calibre de las armas, sino el historial de los capturados en el sistema SPOA. Homicidio, hurto calificado, tráfico de estupefacientes y porte de armas. Estos individuos no estaban “debutando” en el crimen. Son profesionales de la delincuencia que han entrado y salido del sistema judicial con una facilidad pasmosa.
Aquí es donde la percepción de seguridad se rompe. El ciudadano de Pasto se pregunta: ¿De qué sirve que la policía arriesgue la vida capturando delincuentes si sus antecedentes penales parecen ser solo una lista de sugerencias y no un motivo de reclusión efectiva?
Los puntos críticos del caso:
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La Instrumentalización de Menores: La presencia de un menor aprehendido confirma que las bandas siguen utilizando a jóvenes como “escudos” legales o operativos, aprovechando la laxitud del sistema de responsabilidad penal adolescente.
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Armamento Artesanal y Comercial: La mezcla de armas sofisticadas con armas “hechizas” evidencia un mercado negro de armas que sigue alimentando la violencia urbana.
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El Círculo Vicioso: La reincidencia en delitos graves como el homicidio sugiere que los mecanismos de resocialización —y de vigilancia post-penitenciaria— han fracasado estancados en el papel.
Conclusión
El golpe en Pasto es contundente, sí, pero no será definitivo si la justicia no actúa con la misma firmeza que la fuerza pública. La seguridad no se construye solo con allanamientos, sino con la certeza de que quien delinque con armas y reincide, no volverá a las calles a la semana siguiente. La SIJIN cumplió su parte; ahora la pelota está en el campo de los jueces y la fiscalía. Sin una justicia que respalde la operatividad, el esfuerzo policial terminará siendo, tristemente, un eterno arar en el mar.


































































