La reciente jornada de Inspección, Vigilancia y Control (IVC) al acueducto de Silvia, Cauca, no debe leerse simplemente como un trámite administrativo o una visita de rutina. En un departamento donde las brechas de salud pública suelen ensancharse en la ruralidad, la verificación de la calidad del agua es, en esencia, una intervención de choque contra la desigualdad.
La prevención como prioridad
Históricamente, el sistema de salud ha operado bajo un modelo reactivo: esperar a que el paciente llegue con síntomas para intervenir. Sin embargo, lo expresado por la funcionaria Carolina Camargo toca la fibra de lo que realmente importa: la medicina preventiva. Cuando se garantiza que el agua que llega a los hogares de Silvia cumple con los estándares técnicos, se está desactivando una “bomba de tiempo” sanitaria.
La Enfermedad Diarreica Aguda (EDA) puede parecer una dolencia menor en contextos urbanos con infraestructura robusta, pero en poblaciones vulnerables , especialmente en nuestros niños y adultos mayores, es una de las principales causas de morbilidad y, trágicamente, de mortalidad evitable.
Un compromiso de doble vía
Si bien la vigilancia institucional es indispensable, el éxito de estas medidas no depende únicamente de la técnica o del funcionario de turno. Se requiere un compromiso articulado en tres niveles:
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La Institución: Que las visitas de control no sean eventos aislados, sino un monitoreo constante y riguroso.
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El Operador del Acueducto: Que la transparencia en los procesos de potabilización sea la norma y no la excepción.
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La Comunidad: Que el ciudadano aprenda a proteger las fuentes hídricas y a exigir su derecho al agua potable con argumentos técnicos.
“El acceso a agua segura no es un lujo; es el cimiento sobre el cual se construye cualquier política de salud pública real.”
El camino a seguir
Es alentador que estas jornadas se extiendan a otros municipios del departamento. Silvia, con su riqueza cultural y geográfica, merece una infraestructura que esté a la altura de su gente. No basta con tener agua; se necesita seguridad hídrica.
Fortalecer el control es, en última instancia, fortalecer la vida. Porque cada litro de agua tratada que llega a una vivienda en Silvia es un niño que no faltará a clases por enfermedad y un sistema de salud que no se satura por causas que son, por definición, 100% prevenibles. Unidos, como dice la consigna oficial, pero sobre todo, vigilantes.


































































