La noticia del asesinato de Erlery Velasco, líder social y voz incansable del sur del Cauca, no solo genera rabia, dolor e impotencia, sino que también nos confronta con una cruda realidad: en Colombia, exigir derechos puede costar la vida. Erlery no era solo un hombre, era la representación de una comunidad, el eco de las necesidades de Balboa y un negociador clave en el reciente paro del peaje.
Los hechos ocurridos fueron este lunes 18 de agosto de 2025 fue asesinado el líder social José Erlery Velasco en la vereda La Esperanza, zona rural del municipio de Balboa, cuando se encontraba realizando labores en su finca.
Su muerte es un recordatorio trágico de la vulnerabilidad en la que viven quienes asumen el liderazgo en las regiones más olvidadas. Ser un líder social no debería ser una condena a muerte, sino un acto de servicio y valentía. Erlery fue asesinado por asumir la vocería de las necesidades de su gente, por atreverse a levantar la voz y a exigir lo que por derecho les corresponde.
La violencia que apagó su vida es un mensaje intimidatorio para todos aquellos que sueñan con un país más justo. Es un intento de silenciar las protestas, de sembrar el miedo y de perpetuar un sistema en el que la vida de un líder vale menos que los intereses de unos pocos.
Hoy, la rabia y el dolor son grandes, pero no pueden paralizarnos. La memoria de Erlery Velasco debe inspirarnos a no callar, a seguir luchando por un Cauca donde la justicia no sea una utopía y donde nadie, jamás, sea asesinado por atreverse a soñar. La vida de un líder no puede ser un precio que tengamos que pagar por exigir nuestros derechos.
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