*La carretera que conecta a Cali con Popayán, lejos de ser un simple corredor vial, se ha convertido en el reflejo de una Colombia que se desangra*.
Los actos de violencia, *los drones que sobrevuelan Mondomo, el secuestro de un menor en Miranda , hijo del gerente de la licorera, son solo la punta del iceberg de una inseguridad que ahoga al país*. Mientras tanto, en la capital, se debate sobre un congreso gastronómico que, para muchos, es un oasis de opulencia en medio del desierto de la miseria. *El Parque Caldas, corazón de Popayán, languidece, mientras unos pocos se lucran de un evento que enriquece sus bolsillos, pero empobrece el alma de una comunidad que clama por paz y seguridad.*
La paz, esa esperanza que un gobierno prometió devolver a los colombianos, se ha esfumado. *Los ciudadanos se sienten desamparados, como si sus vidas fueran una moneda de cambio en el tablero de ajedrez del poder y la violencia.* Los drones en el cielo, más que una herramienta tecnológica, son un símbolo del control que ejercen los grupos armados sobre la región. *El secuestro de un menor, un hecho que debería estremecer los cimientos de la sociedad, se ha vuelto, lamentablemente, una noticia más en los medios de comunicación*.
*La desconexión social: Un síntoma de la crisis*
*La desconexión entre la élite y el pueblo es palpable. Mientras unos brindan con licores finos en un congreso gastronómico, otros temen que sus hijos salgan a la calle.* La violencia no es un concepto abstracto, es una realidad que se vive a diario en los pueblos del Cauca. *Es un puñal que se clava en el corazón de las familias, dejando cicatrices que no sanan*.
El Congreso Gastronómico, que podría ser una oportunidad para mostrar la riqueza cultural de la región, *se percibe como una bofetada a la dignidad de los más necesitados. El eterno presidente de la fundación, junto a los pocos que se benefician, parece vivir en una burbuja de privilegio, ajenos a la miseria que les rodea*.
*Esta crisis no solo es de orden público, es una crisis de valores*. Es la demostración de que la paz no se firma en un papel, se construye con justicia social, con oportunidades para todos, con la certeza de que la vida de un menor en Miranda vale más que cualquier banquete. *La verdadera preocupación de la gente no es la exquisitez de un plato, sino la simple y profunda necesidad de encontrar la paz que se perdió, de recuperar la esperanza que se les arrebató.*
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