Caminar *por un parque o asomarse a una ventana y ver a un niño con los ojos perdidos en el vacío, imaginando que su bicicleta es un cohete rumbo a Marte*, se ha convertido en una escena casi de colección. En su lugar, el paisaje habitual es el de cuellos inclinados y rostros iluminados por el resplandor azulado de una pantalla. La pregunta surge sola: *¿Se cansaron de imaginar o simplemente les dimos un mundo donde ya todo viene imaginado?*
La tecnología, *con su inmediatez y sus colores vibrantes, es una herramienta poderosa, pero también es una “trampa de confort”*. Cuando un celular entrega el juego terminado, con sus reglas y sus gráficos perfectos, le ahorra al niño el esfuerzo de crear. La fantasía, sin embargo, es un músculo que, si no se usa, se atrofia. *No es que la tecnología los canse; es que los satura, dejando poco espacio para ese “aburrimiento creativo” donde nacen los grandes proyectos de vida*.
*La urgencia de volver a soñar*
Faltan motivadores, es cierto. Falta que nosotros, los adultos, les recordemos que *ninguna aplicación podrá jamás superar la capacidad de procesamiento de un cerebro que sueña*.
- *El sueño como motor*: Creerse astronauta no es solo un juego; es el primer ensayo de la ambición, de la curiosidad científica y de la resiliencia.
- *La realidad de lo posible*: Debemos recuperar el discurso de que los sueños, si se trabajan con disciplina y pasión, tienen el poder de transformarse en realidad. El mundo no fue construido por personas que se quedaron mirando lo que otros hacían en una pantalla, sino por quienes se atrevieron a mirar el cielo y decir: “yo quiero llegar allá”.
*Conclusión*
No se trata de declarar la guerra a la tecnología, sino de recuperar el equilibrio. *Necesitamos más niños con las rodillas raspadas por “aterrizajes forzosos” en el jardín y menos dedos cansados de deslizar contenido infinito*.
Invitar a un niño a fantasear es darle las llaves de su propio futuro. *Al final del día, las pantallas se apagan y las baterías se agotan*, pero un sueño sembrado en la infancia es una energía que puede durar toda la vida. *Es hora de volver a construir naves espaciales en el patio.*


































































