Hoy, 7 de agosto, Popayán, la hidalga Ciudad Blanca, ha vuelto a demostrar por qué su historia está ligada a la defensa de sus convicciones. Lo que vimos en sus calles no fue una simple manifestación, sino un grito de gallardía y dignidad contra lo que muchos percibimos como una injusticia flagrante: la condena del expresidente Álvaro Uribe Vélez. Esta decisión, lejos de ser un acto de justicia independiente, parece ser la culminación de una venganza política orquestada desde un gobierno de izquierda, cuyas ramas judiciales se han mostrado incapaces de mantener la separación del poder administrativo.
Popayán, la misma tierra que en las urnas le dio una votación copiosa al petrismo y que se convirtió en el epicentro del estallido social, hoy se pronuncia de manera clara y contundente. Es una paradoja que en esta región, donde el apoyo al actual gobierno fue significativo, hoy marchen con desilusión muchos de aquellos que, hace tres años, ayudaron a que Gustavo Petro llegara al poder. La decepción se ha convertido en el sentimiento dominante.
La gente de Popayán ha demostrado, con la cultura de su gente, que la injusticia no es el camino válido para vengarse de quien fue el único líder que se atrevió a luchar de frente contra las organizaciones guerrilleras. Esas mismas organizaciones que hoy, de nuevo, amenazan no solo las regiones rurales, sino también la capital del Cauca. El pueblo payanés, que ha sufrido la violencia y que conoce el precio de la paz, no olvida quién le hizo frente a la criminalidad cuando más se necesitaba.
El 7 de agosto, históricamente una fecha de juramento y asunción de mando, se convierte hoy en el verdadero inicio de un nuevo capítulo político. La movilización de Popayán es una señal clara para todo el país. Es el preludio de lo que veremos en 2026. La gente ha hablado. Y su mensaje es inconfundible: este tipo de gobernanza, que mezcla la política con la justicia para la persecución, no tiene cabida en una democracia que se precie de serlo. Este 7 de agosto, con la voz de Popayán, ha comenzado el fin de la izquierda colombiana.


































































