Es un clamor que resuena en las calles y pasillos de Popayán: la Cámara de Comercio del Cauca necesita un cambio urgente. La denuncia de que una minoría, que se perpetúa en el poder, excluye a la gran mayoría de empresarios de la toma de decisiones es una crítica contundente a la democracia interna de la institución. La excusa de un “aliada plus” para justificar la exclusión de aquellos que no tienen derecho a elegir y ser elegidos es, en esencia, un acto de burocracia y capricho que socava la representatividad.
El gremio empresarial, en especial los empresarios informales, se sienten atrapados. La obligatoriedad de estar inscritos en la Cámara para acceder a contratos y oportunidades no se traduce en beneficios ni garantías reales. La falta de confianza en la institución es una de las principales razones por las que muchos evitan la formalización, privando a la región de un crecimiento económico más robusto y justo. En lugar de ser un motor de desarrollo, la Cámara se percibe como un comité de aplausos, donde la verdadera voz del empresariado queda silenciada.
La crítica se extiende a la falta de resultados tangibles. Más allá de eventos que solo benefician a un pequeño círculo de familias de la “alta alcurnia payanesa”, se denuncia que la institución no apoya a los empresarios locales. La contratación de empresas de fuera de la región y la evasión de responsabilidades por parte de los directivos, que culpan a “intermediarios”, demuestran una falta de compromiso con el ecosistema empresarial del Cauca.
La burocracia y el amiguismo deben acabar. La Cámara de Comercio del Cauca tiene el potencial de ser un verdadero aliado para todos los empresarios, sin importar su tamaño o trayectoria. Es hora de que se abra un espacio de participación genuino, donde las decisiones se tomen en función del bienestar de la región y no de intereses particulares. ¿Qué medidas concretas se deben tomar para devolverle a la Cámara su propósito fundamental?
































































