El Festival de Música del Pacífico Petronio Álvarez ha comenzado su peregrinaje hacia las tres décadas de existencia, y lo hace con la coherencia que solo da la madurez: volviendo a la fuente. Antes de que las luces del escenario en Cali se enciendan, el festival ya está vibrando en Puerto Tejada, Buenaventura y Guapi. Esta no es una simple gira técnica de audiciones; es un ejercicio de soberanía cultural que entiende que el Pacífico no se “lleva” a la ciudad, sino que se reconoce desde sus propios patios y esteros.
Del Territorio a la Globalidad
La gran noticia de esta edición número 30 no es solo la música, sino la ambición política y social que el festival ha decidido abrazar. Con la organización de la Cumbre Global de Afrodiasporidad, el Petronio deja de ser un evento local para consolidarse como una plataforma de conexión entre África, el Caribe y las Américas. Es un paso valiente: el festival ya no solo busca que el país escuche la marimba, sino que el mundo dialogue con la herencia africana en igualdad de condiciones académicas y económicas.
Tres Pilares de Resistencia
Lo que hace al Petronio un fenómeno distinto a cualquier otro festival comercial en Colombia se resume en tres puntos clave:
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La Zonal como Ritual: Al trasladar al jurado a territorios como Esmeraldas (Ecuador) o Quibdó, el festival valida el contexto de los artistas. No es el músico quien se desarraiga para ser evaluado; es la institución la que viaja para entender dónde nace el sonido.
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El Petronito (El Seguro de Vida): La apuesta por los semilleros infantiles es, quizás, el movimiento más estratégico. Garantizar que la marimba y el cununo no sean piezas de museo, sino herramientas vivas en manos de niños y jóvenes, asegura que el festival cumpla 30 años más.
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Memoria Viva: No es solo una competencia. Es un registro de transformaciones. El Petronio documenta cómo cambia el territorio y cómo la música sirve de escudo contra las violencias que históricamente han asediado a estas comunidades.
Conclusión
Que el camino hacia los 30 años haya iniciado en Puerto Tejada este abril de 2026 nos recuerda una verdad fundamental: el Pacífico empieza desde adentro. El Petronio ha logrado lo que pocas instituciones culturales consiguen: crecer hacia afuera (hacia lo global) sin despegar los pies del barro y la selva.
Cali será, como siempre, la gran caja de resonancia en junio, pero el alma del festival ya está sonando en las calles del litoral. La música afrocolombiana no solo está celebrando su historia; está reclamando su lugar en el futuro del mundo.


































































