El asesinato de Carlos Alberto Linares Pedraza en la vereda La Primavera, zona rural de Villa Rica, no es solo un número más en la trágica estadística de homicidios que desangra al norte del Cauca. Es, ante todo, un ataque frontal a la integridad corporativa y un mensaje de terror para aquellos que, desde el control interno, se atreven a levantar el velo de la corrupción.
Linares, un pensionado de la Policía Nacional que volcó su experiencia en la seguridad y fiscalización de la empresa AGRICOL S.A., parece haber sido víctima de la peor de las traiciones: la de su propio entorno laboral. Las hipótesis que manejan los investigadores apuntan a que su “pecado” fue cumplir con su deber. Al detectar presuntas irregularidades y manejos turbios de recursos, se convirtió en una piedra en el zapato para colaboradores que, lejos de compartir una visión ética, habrían optado por el sicariato como mecanismo de impunidad.
El “Caballo de Troya” Corporativo
Lo más alarmante de este caso es la modalidad del engaño. Las versiones indican que Linares fue contactado por personal de la misma compañía para que se trasladara al punto donde finalmente fue ejecutado. De confirmarse esta tesis, estaríamos ante un “Caballo de Troya” corporativo, donde la estructura jerárquica y la confianza laboral fueron instrumentalizadas para tender una emboscada mortal.
Este crimen desnuda dos realidades paralelas y aterradoras:
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La fragilidad de los auditores: En regiones donde la violencia es el lenguaje común, ejercer cargos de control interno se ha vuelto una profesión de alto riesgo. Quien fiscaliza recursos en zonas con fuerte presencia de economías ilícitas o bandas locales, queda expuesto si no cuenta con esquemas de protección que trasciendan la vigilancia privada convencional.
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El silencio de la empresa: Hasta el momento, el mutismo de AGRICOL S.A. resulta ensordecedor. Una organización de su envergadura, una de las más grandes del sector en el suroccidente colombiano, no puede permitir que la sombra de la corrupción interna y el asesinato de su Jefe de Control Interno pasen sin una respuesta contundente y una depuración radical de sus cuadros administrativos.
Villa Rica: Un Escenario de Impunidad
El norte del Cauca, y específicamente Villa Rica, sigue siendo un territorio donde la vida parece valer poco frente a los intereses particulares. Que el homicidio ocurriera mientras la víctima realizaba labores técnicas con camiones de la empresa subraya la vulnerabilidad del trabajador frente a un entorno permeado por la criminalidad.
Justicia para el Centinela
La muerte de Carlos Alberto Linares Pedraza debe ser el punto de partida para una investigación profunda que no se quede solo en los gatilleros. La justicia debe llegar a los determinadores de cuello blanco, a esos “compañeros” que, desde la comodidad de una oficina o un puesto operativo, habrían pactado la muerte de quien solo buscaba la transparencia.
Si el control interno es asesinado por controlar, la sociedad entera queda a merced de la barbarie. La ética no puede seguir siendo una sentencia de muerte en el Cauca.
































































