El año 2026, aunque parezca distante, ya resuena en los pasillos y en esos amigos de los Corrillos del Parque Caldas de la política caucana.
Las elecciones legislativas se perfilan como un pulso crucial para los partidos, y el Centro Democrático, que en el pasado ha logrado una destacada votación en el departamento, enfrenta un dilema que podría definir su futuro: ¿cómo conformar una lista al Senado que equilibre la lealtad partidista con la imperiosa necesidad de representar los intereses locales del Cauca, donde estaría en juego un espacio entre los 10 primeros de una posible lista cerrada?
La tradicional estrategia de los partidos grandes, que a menudo privilegian nombres nacionales o figuras con arraigo en otras regiones, ha dejado un vacío de representación genuina en el Cauca. Este departamento, con sus particularidades sociales, económicas y de seguridad, clama por una voz en el Congreso que no solo lo defienda, sino que lo conozca desde adentro. Por eso, la lista cerrada que presente el Centro Democrático al Senado será un termómetro de su compromiso con la región.
Las especulaciones ya circulan y una constelación de nombres se baraja. Por un lado, la continuidad de figuras ya consolidadas. La senadora de ascendencia tolimense y caucana, cuya presencia en la lista es casi un hecho, representa la línea dura del partido. Su rol ha sido crucial en la defensa de los principios uribistas, pero su conexión con el territorio caucano, aunque existente, se ha visto eclipsada por la dinámica nacional. ¿Será suficiente su presencia para captar el voto de un electorado que busca un portavoz más arraigado en la realidad local?
El radar también apunta a figuras emergentes o con trayectoria en otros campos. El “señor de la salud”, un actor clave en la gestión del sector, seria clave en la hora de elegir un candidato atractivo que se encuentre en esos 10 primeros. Su experiencia técnica y su conocimiento del sistema de salud, uno de los temas más sensibles para los caucanos, le darían un valor agregado. De igual manera, un “líder silencioso”, un personaje que sin reflectores ha logrado construir una base sólida, podría emerger como una sorpresa el cual muchos saben está en el corazón de los Uribistas locales así como en sentir del líder de la colectividad. Estos perfiles, lejos de las luces mediáticas, a menudo conectan con la base electoral de manera más efectiva.
Otros nombres con trayectoria política como Mario Bustamante y Manuel Agudelo, viejos conocidos en las lides electorales, podrían buscar un nuevo impulso en el Senado. Su experiencia en el Cauca es innegable y su regreso a la arena política podría ser bien recibido por quienes buscan figuras más tradicionales. Por su parte, Luis Hernando Guerrero, con su experiencia en la administración pública, también se postula como una opción viable.
La “sucesión” dentro del partido es otro factor a considerar. Los “Palomeros”, hijos adoptivos de la senadora Paloma Valencia, podrían buscar un espacio propio en el Congreso aprovechando la posición de su madrina política. Su inclusión en la lista sería un claro mensaje de continuidad y de fortalecimiento de la estructura de la hija del Tolima con descendencia caucana, dentro del partido. Sin embargo, surge la pregunta de si los caucanos preferirían a un representante con un apellido ya posicionado o a una figura con una trayectoria propia y más ligada al departamento. De igual forma, la presencia del hijo de Juan José Chaux Mosquera, un apellido con peso en la historia política del Cauca, podría generar expectativas y revivir viejas alianzas.
La fuerza sorpresiva de Francisco Chaux Donado también se proyecta en el horizonte o alguien de su equipo donde posiblemente lleve esa sangre Mosquera. Su liderazgo en la región y su cercanía con las comunidades rurales la convierten en un candidato con potencial para conectar con un electorado gigante con base en el sector agropecuario, un pilar de la economía caucana sin dejar de señalar el apoyo de diferentes organizaciones étnicas que laboraron en el pasado con su padre.
En definitiva, el desafío para el Centro Democrático en el Cauca es doble. Por un lado, mantener la cohesión y la lealtad a los principios del partido. Por el otro, escuchar el clamor de un departamento que necesita un senador que hable por él, que defienda sus intereses y que no sea solo un eslabón en una cadena de decisiones tomadas en Bogotá. La inclusión de un representante local auténtico en los primeros lugares de la lista cerrada no es solo una estrategia política, es una necesidad urgente para recuperar la confianza de un electorado que anhela una voz propia en el Congreso de la República. El Cauca espera que el Centro Democrático esté a la altura de este reto histórico.


































































