El debate sobre la productividad y la ética de trabajo de un presidente no debería reducirse a chismes de redes sociales o a la cantidad de viajes que realiza. Sin embargo, la reciente discusión sobre los presuntos *“descansos” del presidente Petro, a menudo comparados con la incansable agenda de Álvaro Uribe, nos obliga a reflexionar sobre lo que esperamos de nuestros líderes.*
*¿Trabajar sin descanso o trabajar con estrategia?*
La crítica al presidente Petro por supuestamente ausentarse los fines de semana o *“escribir en Manta”* mientras el país enfrenta desafíos, es una muestra de que la sociedad colombiana sigue valorando un modelo de liderazgo que se asocia con el trabajo constante, casi obsesivo. La imagen de un Álvaro Uribe madrugando, recorriendo el país, atendiendo mil frentes a la vez, se ha convertido en el ideal de un político eficiente y comprometido. No obstante, *la intensidad del trabajo no siempre garantiza la calidad de los resultados*. Es válido preguntarse si un presidente debe estar 24/7 en la oficina o si, por el contrario, necesita espacios de reflexión, de “descanso estratégico”, para tomar mejores decisiones.
La acusación de *“pereza”*, asociada al socialismo, simplifica de manera peligrosa el debate. Reducir un sistema político a la ética de trabajo de una persona es un argumento superficial y poco constructivo. La ideología no define la capacidad individual de trabajar, así como tampoco la falta de descanso asegura la excelencia.
*La política como un maratón, no un sprint*
Un presidente no solo debe ejecutar, también debe pensar. La capacidad de un líder para desconectarse y tomar distancia de la cotidianidad puede ser crucial para obtener una perspectiva más amplia de los problemas. Los grandes líderes mundiales han buscado espacios de silencio y soledad para reflexionar, y eso no los hace menos comprometidos.* La política es un maratón, no un sprint* Requiere resistencia mental y física, y el agotamiento es un enemigo silencioso que puede llevar a decisiones erradas.
Sin embargo, el presidente Petro también tiene una responsabilidad comunicativa. Sus ausencias, si no se explican con transparencia, se prestan para la especulación y la desconfianza. La percepción de un líder que *se “esconde” o “descansa” mientras la gente sufre,* es una narrativa peligrosa que puede desgastar su legitimidad.
*Más allá de la ética del trabajo: los verdaderos peligros*
Más allá del debate sobre el horario laboral de un presidente, el texto original nos recuerda que los verdaderos peligros no son la pereza o un raspón en la rodilla, sino los *“Narcosocialistas y Estalinistas”* que, según el autor, buscan la “toma absoluta del poder”. Es aquí donde el debate se vuelve más relevante y menos personal.
*La discusión sobre el modelo de país que queremos y los métodos que se utilizan para conseguirlo, debe primar sobre los ataques personales.*
La sociedad colombiana merece un debate más profundo que la simple comparación entre la rutina de dos líderes. Es momento de elevar el nivel de la conversación y exigir a nuestros líderes que no solo trabajen duro, sino que también tomen decisiones acertadas y actúen con la transparencia que el país merece.
*El verdadero compromiso no se mide en horas, sino en resultados y en la capacidad de construir un mejor futuro para todos.*
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