La capital del Cauca se encuentra nuevamente en esa encrucijada emocional y política donde la incertidumbre es la única constante. *Mientras las campañas empiezan a calentar motores*, los ciudadanos asistimos al mismo espectáculo de siempre: una pasarela de *“angelitos de la guarda”* que prometen salvar a la Ciudad Blanca, cuando en realidad *parecen ver en ella un botín listo para ser repartido.*
Lo que hoy tenemos es una ciudad herida. Los huecos en las calles no son solo fallas geológicas o falta de asfalto; *son el síntoma físico de una administración deficiente*. La multiplicación de estos cráteres, sumada a una semaforización obsoleta y a un alumbrado público que terminó en manos privadas por cuenta de quienes hoy pretenden regresar al poder, nos obliga a preguntar: *¿A qué vienen realmente?*
El panorama es oscuro. *Detrás de varias candidaturas se esconden hilos manejados por figuras sombrías; desde senadores hoy detenidos por la justicia, hasta alianzas tejidas con la traición como materia prima*. No podemos olvidar a aquellos que prefirieron la comodidad de un puesto burocrático renunciando a su representación en la Cámara, o a quienes desde la sombra, *señalando con el dedo y calculando el “CVY” (Cómo Voy Yo), pretenden seguir decidiendo quién entra y quién sale del presupuesto municipal.*
Tampoco *se salvan los que, con un supuesto “buen corazón” y una fuerte presencia en redes sociales, atacan y critican mientras ocultan las mismas mañas de siempre. *Como dice el dicho popular: el diablo sabe más por viejo que por diablo, y aquí ya conocemos a quienes llegan, saquean y se van, dejando a Popayán en la miseria*. Incluso en el *sector femenino, la historia se repite: figuras que han traicionado a sus propias colectividades a cambio de un contrato familiar o una secretaría para el pariente de turno*.
*La falta de empresas y la consecuente escasez de empleo no son accidentes; son el resultado de décadas de preferir el interés personal sobre el desarrollo colectivo*. Ahora, con el riesgo latente de que sectores que *han demostrado saber cómo desfalcar regiones enteras tomen las riendas, la responsabilidad recae sobre el ciudadano*.
Popayán *no aguanta más “mesías” *de ocasión ni figuras que cambian de bando por una prebenda. El reto de estas elecciones no es solo votar; es analizar con lupa quién tiene la capacidad de administrar y quién solo busca el próximo contrato. *Antes de que la ciudad termine de desmoronarse*, entendamos que el futuro no se construye con traiciones ni compromisos con los de siempre.
*El que lo entendió, lo entendió*.
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