Popayán, la Jerusalén de América, se prepara para presenciar un suceso que trasciende el tiempo: la incorporación del paso “Señor del Triunfo” a nuestra Semana Santa. En una ciudad donde las tradiciones parecen esculpidas en piedra, la llegada de una nueva iconografía es un recordatorio vibrante de que la fe no es una pieza de museo, sino un organismo vivo que late con fuerza.
Un Legado que se Renueva
Gracias a la gestión y el respaldo de Monseñor Omar Alberto Sánchez Cubillos, la comunidad payanesa recibe este regalo espiritual. El “Señor del Triunfo” no solo llega para “engalanar” las calles empedradas; llega para completar el discurso narrativo de nuestra pasión. Si bien nuestras procesiones son un despliegue de arte y mística, este paso nos sitúa de frente ante el sacrificio supremo: la entrega de la sangre de Cristo como vehículo de perdón y redención.
Más que Madera y Flores
Para el carguero, para la sahumadora y para el espectador que espera en la acera, un nuevo paso significa una nueva responsabilidad. Es el compromiso de custodiar un mensaje que, aunque milenario, hoy se siente más necesario que nunca. En un mundo fragmentado, el concepto del “Triunfo” sobre el pecado y la muerte nos invita a reflexionar sobre nuestras propias batallas personales y colectivas.
La Fe como Motor de Identidad
La inclusión de este paso es una muestra de que la Iglesia local entiende la importancia de alimentar la piedad popular. Al ver al “Señor del Triunfo” recorrer los sectores históricos, no solo veremos una obra de arte; veremos la gratitud de un pueblo que reconoce en el sacrificio de Jesús la fuente de su esperanza.
Este paso se convierte, desde ya, en un patrimonio de todos. Es el símbolo de una ciudad que, a pesar de las dificultades, siempre encuentra en su fe el camino para levantarse y triunfar.
“La fe no es algo estático; es un camino que se recorre paso a paso, y hoy, Popayán suma un nuevo paso hacia la eternidad.”


































































