El periodismo en el Cauca *atraviesa una de sus crisis más profundas, y no precisamente por falta de talento, sino por un exceso de cinismo*. Se ha vuelto paisaje ver cómo algunos comunicadores, aquellos que juraron ser la voz de los que no tienen voz, hoy prefieren ser el eco de quienes les llenan el bolsillo. *La ética profesional se ha convertido en una prenda de vestir que se quitan y ponen según la pauta del día*.
*El arte de la piedra escondida*
La dinámica es tan vieja como peligrosa: *tiran la piedra y esconden la mano*. Lanzan ataques direccionados, difaman sin sustento o siembran dudas sobre los honestos para luego refugiarse en el *“supuestamente” o en el silencio cómplice cuando la verdad les estalla en la cara. Manipular es un ejercicio sencillo cuando se tiene un micrófono y se carece de escrúpulos. Es mucho más fácil incendiar la opinión pública por encargo que investigar con rigor la realidad de una patria y sus instituciones que sangra por el abandono y la corrupción*.
*Vendidos por un “calao”*
Resulta irónico, por no decir vergonzoso, que en una región donde la verdad puede costar la vida, *existan quienes la vendan por un “calao”. Se venden por una pauta oficial, por un contrato bajo la mesa o por la cercanía al poder de turno*. Han olvidado que el periodismo nació *para incomodar al poder, no para masajearle el ego*.
*”Comunicar es un servicio social; manipular es un crimen contra la democracia.”*
*La “moda” que nos está hundiendo*
Hoy, la “moda” entre ciertos sectores del gremio caucano no es la crónica profunda ni la denuncia valiente. La tendencia es el *sicariato mediático*:
- *Señalalamientos sin pruebas*: Para desprestigiar al opositor del patrón.
- *Silencios comprados*: Ignorar las masacres, los desfalcos y las injusticias si el responsable es quien firma el cheque.
- *La doble moral*: Rasgarse las vestiduras por la ética en redes sociales mientras se negocia la verdad en los pasillos de las alcaldías y gobernaciones.
*Un llamado al despertar*
El Cauca no necesita más relacionistas públicos disfrazados de periodistas. Necesitamos reporteros que vuelvan a las raíces, que entiendan que su compromiso es con el ciudadano de a pie, con el campesino, con el indígena y con el habitante de la ciudad que está harto de que le mientan en la cara.
Es hora de señalar a los que tiran la piedra y esconden la mano. Porque cuando el periodismo se arrodilla, la sociedad entera queda a merced de los lobos. *Basta ya de vender la pluma; el Cauca merece dignidad, no más mercenarios del micrófono*.
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